Lecciones de vida que podemos aprender de los perros
Los perros enseñan a vivir el presente, actuar sin demora, buscar la alegría, observar antes de juzgar y disfrutar cada momento.
Los perros viven el presente.
Para un perro, lo más importante es lo que sucede hoy. Por eso no se preocupa por lo que ocurrirá mañana. Sin embargo, los seres humanos estamos tan pendientes del pasado y del futuro que no pensamos en el presente. Dejemos atrás el ayer y el mañana y disfrutemos de hoy.
Los perros no dejan las cosas para después.
Los perros hacen de inmediato lo que quieren cuando desean hacerlo. Si quieren jugar, juegan; si quieren echarse una siesta, duermen. Cuando desean hacer algo, no esperan a que se cumplan todas las condiciones. Las personas, en cambio, a veces analizan tanto cada condición que terminan perdiéndose lo verdaderamente importante.
Los perros encuentran alegría en lo que tienen delante.
Los perros disfrutan plenamente del momento y encuentran alegría en las personas y los objetos que los rodean. Perciben enseguida las cosas buenas que hay a su alrededor. Sin embargo, cuando las personas atraviesan momentos tristes o situaciones desesperantes, no logran apreciar la alegría que existe en otros lugares. Aunque ocurra algo feliz justo a su lado, su estado de ánimo deprimido les impide advertirlo. En lugar de centrarnos en los problemas negativos, debemos mirar a nuestro alrededor y buscar la alegría.
Los perros recopilan información objetiva antes de juzgar.
Los perros dedican tiempo a obtener información sobre otro ser o sobre el objeto que tienen delante. Por ejemplo, obtienen información oliendo el trasero de un perro al que acaban de conocer. Cuando se encuentran con una persona desconocida, también dan vueltas a su alrededor y la olfatean cinco o seis veces antes de decidir si pueden confiar en ella. Sin embargo, las personas suelen actuar buscando su propio beneficio cuando conocen a alguien. Incluso al establecer una relación de confianza con otra persona, destacan que «hacerte amigo mío te aportará estos beneficios». Los perros, en cambio, no esperan de los demás nada más que afecto.
Los perros siempre están preparados para pasar a otra actividad.
Como si supieran que no disponen de mucho tiempo, los perros prueban enseguida todo lo que pueden hacer y disfrutan del momento. En vez de preocuparse y darle vueltas a las cosas, piensan en disfrutar. Las personas deberíamos hacer lo mismo.
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