La amistad entre un gato sin orejas y una mujer con secuelas de un accidente de tráfico
Otitis, un gato sordo y sin orejas, y Molly, que sufría ansiedad tras un accidente de tráfico, se ayudaron mutuamente a sanar.
[FAM Times, periodista Woo Ji-young] La historia de una mujer atormentada por las secuelas de un accidente de tráfico y un gato que perdió las orejas, quienes se conocieron y se ayudaron mutuamente a sanar sus heridas, está atrayendo todas las miradas.
Según informó recientemente el medio especializado en animales Love Meow, Otitis, un gato que este año superó los nueve años de edad, desarrolló un enorme quiste debido a una grave infección del oído medio cuando vivía con su anterior dueño.
Su anterior dueño, que atravesaba dificultades económicas, no tenía dinero para costear el tratamiento y envió a Otitis a una organización de rescate. Como para entonces ya había pasado el momento oportuno para tratarlo, finalmente tuvieron que extirparle las orejas y perdió la audición.
Debido a la ausencia de sus orejas, parecía que nadie quería adoptar a Otitis.
Molly Lichtenwalner, que era estudiante de posgrado, padecía un trastorno de ansiedad como secuela de un accidente de tráfico. Sin embargo, quizá porque había crecido rodeada de gatos en la granja de sus padres, Molly encontraba tranquilidad cuando estaba con ellos.
Un día, Molly visitó una jornada de adopción en un refugio y encontró un gato. Era Otitis, y el hecho de que no tuviera orejas ni pudiera oír no supuso un gran impedimento para ella.
Molly adoptó al gato y, desde entonces, se convirtieron en almas gemelas que se ayudaban mutuamente a sanar sus heridas.
Molly expresó su amor por Otitis: «Otitis es el único ser capaz de tranquilizarme. Es el mejor gato que he conocido. No fui yo quien lo salvó; fue él quien me salvó a mí».
Periodista Woo Ji-young, wjy@famtimes.co.kr
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